domingo, 24 de febrero de 2013

Lastre



Se dio cuenta de que era un pedazo de lastre ajeno, sus bolsillos estaban llenos de plomitos pequeños, pero eran tantos los que se habían depositado a lo largo de los años, que su peso le impedía vivir con felicidad, y la contenía para no molestar a los demás. También sentía pudor por reconocer que todos los cariños no son iguales, no fuese a dolerle a algunos seres queridos, y dejó de correr para no adelantar a nadie, y dejó de detenerse para no levantar envidias a las prisas, y llegó un día en el que dejó de pensar, para que no pensasen que era un pretencioso de los que todo lo saben. Se hizo creyente de todas las religiones en los días festivos, y practico el ateísmo de lunes a viernes, y se casó por el que dirán, y se divorció por algo que le habían dicho. Así fue su vida hasta que murió, sin ganas, para no contradecir a los médicos que le diagnosticaron: envenenamiento sanguíneo por acumulación de plomo en el ánimo.

Fragmento de: "Los cuentos que nunca me contaron"
© Pokit in a poket. El País de los Tejados - Chus Alonso Díaz-Toledo.

3 comentarios:

Arantxa Libertaria dijo...

Cautivador, desoladamente cautivador, rebosante de belleza y de desolación. Letras mayúsculas que llegan directamente al ánimo y que lo despiertan del letargo en el que vivimos a causa del lastre plomizo con el que nos envenenan. Su prosa es el antídoto perfecto para este veneno que nos asola bajo el falso nombre del estado del bienestar.
Su militancia persiste, su compromiso se alarga traspasando mares. Salud compañero y siempre anarquía.

Álvaro dijo...

Mi querido amigo, su mestizaje lo agranda a usted con cada letra escrita. Une las dos orillas atlánticas con el don de las palabras de aquí y de allá. Siempre pensé que Montevideo sería un paso más en su literatura, el tiempo así lo confirma.
Mi afecto y admiración por su persona.

Miguel Bueno Jimenez dijo...

Desde tu nueva atalaya en tierras de ultramar,oteas el sentimiento de los andantes y llegas al alma, como el que mira una moza al pasar, sin pensar que su tiempo ya no es, y todo es vanidad.
Abrazos
Piedra