Había aprendido que la tierra
tiene el alma atada al lugar,
y que no siempre retiene
la vida de las raíces
de los árboles que la pueblan,
también supo que hay un sur,
que está al norte del sur,
en el que la luz es ciega
cuando se apaga el tiempo,
y el agua se vuelve barro,
y el barro es destierro seco,
y el destierro forma una forma,
y la forma tiene la misma voz.
Aprendió que para casi todo
existe una primera vez,
y que el último momento
no tiene que ser el definitivo,
convivió con el placer
de la muerte en sus venas,
y con el dolor que la vida
le arañaba de los poros de la piel,
por eso quiso una caja de lata
para guardar el deseo,
y un egoísmo desmontable
para escapar del amor,
y dejó de leer a diario en el cielo,
y escribió un jeroglífico entero
con los rayos bastardos del sol.
"Teorías y prácticas"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
http://pokitochus.blogia.com/
lunes 16 de noviembre de 2009
domingo 1 de noviembre de 2009
Dimensiones y moléculas
I- ESPACIO
Cambia la textura de la luz,
ahora es más densa,
fíjate cómo se extiende
sobre cada objeto,
sobre cada forma existente,
el universo es permeable
a su discurso esclarecedor,
y aquí, bajo la inmensidad
del resultado del tiempo,
dos razones olvidadas
marcan la frontera del suelo.
II- TIEMPO
Como un pensamiento atado,
o una ventana sin horizonte,
así discurren las sombras
que susurran, sus formas,
contra las paredes
borradas en blanco,
mientras el viejo reloj azul
derrocha segundos de hielo,
y el miedo se pierde
entre los pasos de un tango,
que tuvo veinte años para volver.
III- MATERIA
Tenían en sus modos
esa imprecisión que marcan
los nervios concretos,
se habían especializado
en el lenguaje inaplicable,
eran maestros en el arte
del plan imposible,
ellos, dos dioses del adiós,
ahora frecuentaban
el silencio de dos holas,
que ahogaban sus saludos
desde algún lejano mar.
Habían coleccionado
las figurillas persas
de un libro parisino,
esas que caían
desde las hojas,
cuando las páginas
decidían estornudar
a la altura del invierno.
Ellos las recogían
del abandono del suelo,
y las colocaban sobre
una estantería que flotaba,
continuamente, entre los dos,
ese era el lugar que tenían
para colocabar los deseos,
allí los podían ver claramente,
y fantaseaban sobre ellos
como si fuesen recuerdos,
hechos ya hechos,
ilusiones de carne y hueso,
imposibles de cicatrizar.
"Dimensiones y moléculas"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
Cambia la textura de la luz,
ahora es más densa,
fíjate cómo se extiende
sobre cada objeto,
sobre cada forma existente,
el universo es permeable
a su discurso esclarecedor,
y aquí, bajo la inmensidad
del resultado del tiempo,
dos razones olvidadas
marcan la frontera del suelo.
II- TIEMPO
Como un pensamiento atado,
o una ventana sin horizonte,
así discurren las sombras
que susurran, sus formas,
contra las paredes
borradas en blanco,
mientras el viejo reloj azul
derrocha segundos de hielo,
y el miedo se pierde
entre los pasos de un tango,
que tuvo veinte años para volver.
III- MATERIA
Tenían en sus modos
esa imprecisión que marcan
los nervios concretos,
se habían especializado
en el lenguaje inaplicable,
eran maestros en el arte
del plan imposible,
ellos, dos dioses del adiós,
ahora frecuentaban
el silencio de dos holas,
que ahogaban sus saludos
desde algún lejano mar.
Habían coleccionado
las figurillas persas
de un libro parisino,
esas que caían
desde las hojas,
cuando las páginas
decidían estornudar
a la altura del invierno.
Ellos las recogían
del abandono del suelo,
y las colocaban sobre
una estantería que flotaba,
continuamente, entre los dos,
ese era el lugar que tenían
para colocabar los deseos,
allí los podían ver claramente,
y fantaseaban sobre ellos
como si fuesen recuerdos,
hechos ya hechos,
ilusiones de carne y hueso,
imposibles de cicatrizar.
"Dimensiones y moléculas"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
Publicado por Cambalache
Gatomalabares
miércoles 21 de octubre de 2009
Instantánea de un lugar
Entre remolinos de aire
con gusto a viento,
y libros gastados
a la sombra de abril,
se encontraban los dos,
en silencio,
con las manos atentas
al atrevimiento del tacto,
y los pasos tan quietos,
como las calles vacías
que duermen sin sol.
En su piel diaria,
tenían los colores
de una mezquita morena,
su fortuna era la calma
que desprende el azahar,
y no necesitaron cortinas
para las ventanas,
ni sillones para los salones,
y dejaron que la noche
fuese una sorpresa llegada
desde cualquier lugar.
Eran dos apuestas ciegas
contra la ausencia,
dos teorías encontradas
en el mundo infinitesimal,
y supieron que el final
estaba presente,
y recordaron el principio
de su pasado,
y usaron aquel momento
para no olvidarlo jamás.
"Instantánea de un momento"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
con gusto a viento,
y libros gastados
a la sombra de abril,
se encontraban los dos,
en silencio,
con las manos atentas
al atrevimiento del tacto,
y los pasos tan quietos,
como las calles vacías
que duermen sin sol.
En su piel diaria,
tenían los colores
de una mezquita morena,
su fortuna era la calma
que desprende el azahar,
y no necesitaron cortinas
para las ventanas,
ni sillones para los salones,
y dejaron que la noche
fuese una sorpresa llegada
desde cualquier lugar.
Eran dos apuestas ciegas
contra la ausencia,
dos teorías encontradas
en el mundo infinitesimal,
y supieron que el final
estaba presente,
y recordaron el principio
de su pasado,
y usaron aquel momento
para no olvidarlo jamás.
"Instantánea de un momento"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
Publicado por Cambalache
Gatomalabares
martes 13 de octubre de 2009
"Intentación"
Quiso ser poeta,
y devolver la verdad
al dolor que duele,
por eso borró de sus letras
las metáforas,
y quemó las hojas
que pueblan
los suelos del otoño,
y abrió los mapas antiguos
de los lugares
en los que vivió su soledad.
Aprendió a rechazar el adorno
que falsifica la tristeza,
no quería llenar con plata
las noches de sus recuerdos,
porque la Luna no camina,
ni tiene memoria,
y en la noche hay noche,
mucha noche, noche
que huele a abandono,
y que se vuelve día
tras las cortinas de la verdad.
Intentó ser poeta,
y quiso que la muerte
tuviera el olor de la muerte,
y que las asusencias
volviesen a habitar los vacíos,
y cerró la boca
para evitar los besos,
y amenazó a sus manos
con las frases de los puños,
y se arañó con las caricias
que no volverían a acariciar.
Dejó sobre el papel
la palabra amor,
y el papel enmudeció,
y se agrietó al sentir su peso,
y describió la distancia
con la rotundidad de la lejanía
que no se llega a ver,
y tuvo miedo al decir temor,
y la sed empapó sus labios
cuando nombró la sal,
y se abrazó a la nada,
como se abraza el viento
a las horas del vendaval.
"Intentación"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
y devolver la verdad
al dolor que duele,
por eso borró de sus letras
las metáforas,
y quemó las hojas
que pueblan
los suelos del otoño,
y abrió los mapas antiguos
de los lugares
en los que vivió su soledad.
Aprendió a rechazar el adorno
que falsifica la tristeza,
no quería llenar con plata
las noches de sus recuerdos,
porque la Luna no camina,
ni tiene memoria,
y en la noche hay noche,
mucha noche, noche
que huele a abandono,
y que se vuelve día
tras las cortinas de la verdad.
Intentó ser poeta,
y quiso que la muerte
tuviera el olor de la muerte,
y que las asusencias
volviesen a habitar los vacíos,
y cerró la boca
para evitar los besos,
y amenazó a sus manos
con las frases de los puños,
y se arañó con las caricias
que no volverían a acariciar.
Dejó sobre el papel
la palabra amor,
y el papel enmudeció,
y se agrietó al sentir su peso,
y describió la distancia
con la rotundidad de la lejanía
que no se llega a ver,
y tuvo miedo al decir temor,
y la sed empapó sus labios
cuando nombró la sal,
y se abrazó a la nada,
como se abraza el viento
a las horas del vendaval.
"Intentación"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
Publicado por Cambalache
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domingo 4 de octubre de 2009
Tarde, y otoño
Como cada tarde, el otoño
se presenta en el aire,
trae el olor de la savia dormida,
pedazos de memoria que nacen
por los recovecos del aire,
y me desnuda el cielo
de cada una de sus tormentas,
y rechazo el barro primigenio
que niega la libertad,
mientras me moldeo
en las calles de barrio,
las que aún siguen sin asfaltar.
Como cada tarde, el otoño
me invita a sentarme
en su tiempo de huellas paralelas,
son vías muertas repletas
de siluetas que menguan
cuando desaparece la luna,
y el momento instantáneo
se detiene durante una vida,
y toma el tren puntual
en el que viaja su estación.
Busco en las letras que dicen
desde cualquier lugar,
desenredo los nudos del recuerdo,
cosecho las canciones
sembradas en surcos de vinilo,
y esparzo todas las notas
sobre la quietud de la mesa,
y el presente es un terremoto,
con el epicentro en el centro de ayer.
"Tarde, y otoño"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
se presenta en el aire,
trae el olor de la savia dormida,
pedazos de memoria que nacen
por los recovecos del aire,
y me desnuda el cielo
de cada una de sus tormentas,
y rechazo el barro primigenio
que niega la libertad,
mientras me moldeo
en las calles de barrio,
las que aún siguen sin asfaltar.
Como cada tarde, el otoño
me invita a sentarme
en su tiempo de huellas paralelas,
son vías muertas repletas
de siluetas que menguan
cuando desaparece la luna,
y el momento instantáneo
se detiene durante una vida,
y toma el tren puntual
en el que viaja su estación.
Busco en las letras que dicen
desde cualquier lugar,
desenredo los nudos del recuerdo,
cosecho las canciones
sembradas en surcos de vinilo,
y esparzo todas las notas
sobre la quietud de la mesa,
y el presente es un terremoto,
con el epicentro en el centro de ayer.
"Tarde, y otoño"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
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Gatomalabares
lunes 28 de septiembre de 2009
Amarillo papel
Un viejo papel arrugado,
surcado por el tiempo,
casi gastado por los ojos,
de color amarillento lento,
con las esquinas perdidas,
sujeto a dedos que esperan,
manoseado como los juegos
donde se pierde el azar,
viajero de bolsillos vacíos
que son de paso incierto,
doblado en una cartera
a la que no le salen las cuentas,
o entre las páginas calladas
de un libro que quedó sin leer,
y que siguió viviendo a medias.
Un papel en el que cabe
la eternidad de todo el amor,
y la tijera impía del desamor,
cuadrilátero cuadriculado
donde se pelean los guantes
de Aristóteles, y los de Platón,
pensamiento, de hace tiempo,
para un árbol de puño y letra
que nació del romance diario
que tienen el agua, y el sol,
papel con tanto a sus espaldas,
y con mil frentes abiertos
con el sudor de sus batallas,
papel testigo del color del viento,
y también de la muerte de una flor.
"Amarillo papel"
© Pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.
http://pokitochus.blogia.com/
surcado por el tiempo,
casi gastado por los ojos,
de color amarillento lento,
con las esquinas perdidas,
sujeto a dedos que esperan,
manoseado como los juegos
donde se pierde el azar,
viajero de bolsillos vacíos
que son de paso incierto,
doblado en una cartera
a la que no le salen las cuentas,
o entre las páginas calladas
de un libro que quedó sin leer,
y que siguió viviendo a medias.
Un papel en el que cabe
la eternidad de todo el amor,
y la tijera impía del desamor,
cuadrilátero cuadriculado
donde se pelean los guantes
de Aristóteles, y los de Platón,
pensamiento, de hace tiempo,
para un árbol de puño y letra
que nació del romance diario
que tienen el agua, y el sol,
papel con tanto a sus espaldas,
y con mil frentes abiertos
con el sudor de sus batallas,
papel testigo del color del viento,
y también de la muerte de una flor.
"Amarillo papel"
© Pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.
http://pokitochus.blogia.com/
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Gatomalabares
sábado 26 de septiembre de 2009
Azul sin frío
Con agua de hielo azul, y sin frío,
dos actos de sed se beben el rocío,
dos lenguas calladas, desnudas,
dos razones para las camas furtivas
que duermen tras el muro del qué verán.
¿Acaso no tuvo la sangre el valor
valiente para circular por la causa?
Coincidieron, en el mismo miedo,
y a la misma hora punta,
se arrinconaron como el polvo,
se mutilaron todas las frases
con los cuchillos del punto final,
tapiaron la voluntad de su oídos
con el silencio del barro seco,
borraron las huellas en el tacto
de cada uno de sus diez dedos,
y renegaron como la madrugada
reniega de la impaciencia del sol.
Los bosques quisieron comenzar
a abandonar los colores verdes,
los mares se quedaron a la deriva,
asesinados por la calma chica
que se evapora con la realidad,
el horizonte quedó a sus espaldas,
toda aquella dislexia circunstancial
llegó a tomar forma de ingeniería,
y se confundieron con las obras,
y se mancharon con los grises
del cemento que eleva la soledad.
"Azul sin frío"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
dos actos de sed se beben el rocío,
dos lenguas calladas, desnudas,
dos razones para las camas furtivas
que duermen tras el muro del qué verán.
¿Acaso no tuvo la sangre el valor
valiente para circular por la causa?
Coincidieron, en el mismo miedo,
y a la misma hora punta,
se arrinconaron como el polvo,
se mutilaron todas las frases
con los cuchillos del punto final,
tapiaron la voluntad de su oídos
con el silencio del barro seco,
borraron las huellas en el tacto
de cada uno de sus diez dedos,
y renegaron como la madrugada
reniega de la impaciencia del sol.
Los bosques quisieron comenzar
a abandonar los colores verdes,
los mares se quedaron a la deriva,
asesinados por la calma chica
que se evapora con la realidad,
el horizonte quedó a sus espaldas,
toda aquella dislexia circunstancial
llegó a tomar forma de ingeniería,
y se confundieron con las obras,
y se mancharon con los grises
del cemento que eleva la soledad.
"Azul sin frío"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
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Gatomalabares
lunes 21 de septiembre de 2009
La Paisita
Ella, que es la vocación
de mis días despiertos,
y el comienzo de las noches
donde nacen los sueños,
no se ocupa en las metáforas
pretenciosas de ningún papel,
ni precisa de las estaciones,
para que la primavera
se detenga en sus dos manos,
o para que el otoño se derrame,
hoja a hoja, con letras en blanco
sobre la desnudez de sus pies.
Ella, que tiene mi patria
en el país de su piel,
y que derribó el miedo
de los muros,
y la hipocresía de las fronteras,
es el beso nocturno
que el cielo le dedica a la verdad,
en la inmensidad de sus ojos
están los paisajes
que quiere ver mi mundo,
y en sus labios, día a día,
el idioma que mi lengua
aprendió a hablar sin voz.
Ella, que tiene el vuelo
del viento cosido a sus faldas,
me regala la libertad
que se encierra en los abrazos,
siempre tiene una sonrisa
contra las penas de mi ayer,
y me enseña con figuras de aire,
sin saberlo, todo lo que mis libros
nunca aprendieron a saber saber.
"La Paisita"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
de mis días despiertos,
y el comienzo de las noches
donde nacen los sueños,
no se ocupa en las metáforas
pretenciosas de ningún papel,
ni precisa de las estaciones,
para que la primavera
se detenga en sus dos manos,
o para que el otoño se derrame,
hoja a hoja, con letras en blanco
sobre la desnudez de sus pies.
Ella, que tiene mi patria
en el país de su piel,
y que derribó el miedo
de los muros,
y la hipocresía de las fronteras,
es el beso nocturno
que el cielo le dedica a la verdad,
en la inmensidad de sus ojos
están los paisajes
que quiere ver mi mundo,
y en sus labios, día a día,
el idioma que mi lengua
aprendió a hablar sin voz.
Ella, que tiene el vuelo
del viento cosido a sus faldas,
me regala la libertad
que se encierra en los abrazos,
siempre tiene una sonrisa
contra las penas de mi ayer,
y me enseña con figuras de aire,
sin saberlo, todo lo que mis libros
nunca aprendieron a saber saber.
"La Paisita"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
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Gatomalabares
viernes 11 de septiembre de 2009
Desiderátum
"Seré una estatua de arena
con el desierto en el alma,
buscaré la diminuta quietud
de los granos sin agua,
besaré el cielo con la boca
de todos los horizontes,
y el silencio me acompañará
cuando se quiebre la voz,
y volverán a brotar estrellas
en los campos del firmamento"
Recogió los últimos papeles que había dejado sobre la mesa, cerró todos los cajones del viejo escritorio, un simple movimiento de llave bastó para clausurar la memoria de mucho tiempo. Cuando opinó que todo estaba como debía estar, y tras asegurarse de ello, echando un último vistazo al espacio que le rodeaba, se dirigió hacia el viejo tocadiscos. Con un especial cuidado, abrió la tapa de plástico que cubría el plato, se giró, y sacó, con la misma atención con la que se coge a un bebé, un vinilo negro, cirularmente bello, que colocó sobre la goma del giradiscos. Las notas del saxofón de Charlie Parker contaban el año 1951, aquel disco era el paraíso prometido para cualquier oído sin prejuicios, "Summit Meeting at Birland" empapaba el aire de la estancia, y él se dejaba mojar por aquella música, sentado en la silla del escritorio. Se levantó para prepararse un bourbon sin hielo, una pequeña cascada ámbar cayó dentro de un vaso ancho, y volvió con él a la silla que había abandonado hacía sólo un momento. Una vez sentado, y tras un gran sorbo del néctar de Kentucky, cerró los ojos, y dejó pasar el tiempo, como si el tiempo no pasase por aquel lugar. Parker seguía volando en el aire, y tras los cristales ajenos, la ciudad se reducía a las calles de siempre, desde las ventanas de siempre. Aquellas cuatro paredes eran el refugio perfecto, entre ellas habían nacido, y muerto, miles de historias, unas mejores que otras, allí habían convivido el amor y el desamor, la alegría y la pena, el pobre y el rico, el cielo y la tierra, y todos habían brotado, y crecido, dentro de ese cubo habitable con vistas a la inmensidad. Abrió los ojos cuando sonó la última nota de la última canción del disco, se levantó, y se dirigió hacia el tocadiscos, retiró la aguja de los surcos mudos del vinilo, y volvió a cubrir el giradiscos con cuidado. Se giró hacia el cento de la estancia, dio tres pasos para colocarse justamente ahí, en el centro, y de uno de los bolsillos del pantalón, sacó un puñado de aire, que dejó caer sobre sus pies. Cerró los ojos, y escuchó, notó el olor del Sáhara visitándole, y su silencio, sin miedo, acunando cualquier rastro del antiguo dolor.
El cuarto quedó vacío, los cajones cerrados, y unos granos de arena en el suelo, justamente en el centro de la habitación, recordaron, bailando al viento, la melodía de la última canción.
"Desiderátum"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
con el desierto en el alma,
buscaré la diminuta quietud
de los granos sin agua,
besaré el cielo con la boca
de todos los horizontes,
y el silencio me acompañará
cuando se quiebre la voz,
y volverán a brotar estrellas
en los campos del firmamento"
Recogió los últimos papeles que había dejado sobre la mesa, cerró todos los cajones del viejo escritorio, un simple movimiento de llave bastó para clausurar la memoria de mucho tiempo. Cuando opinó que todo estaba como debía estar, y tras asegurarse de ello, echando un último vistazo al espacio que le rodeaba, se dirigió hacia el viejo tocadiscos. Con un especial cuidado, abrió la tapa de plástico que cubría el plato, se giró, y sacó, con la misma atención con la que se coge a un bebé, un vinilo negro, cirularmente bello, que colocó sobre la goma del giradiscos. Las notas del saxofón de Charlie Parker contaban el año 1951, aquel disco era el paraíso prometido para cualquier oído sin prejuicios, "Summit Meeting at Birland" empapaba el aire de la estancia, y él se dejaba mojar por aquella música, sentado en la silla del escritorio. Se levantó para prepararse un bourbon sin hielo, una pequeña cascada ámbar cayó dentro de un vaso ancho, y volvió con él a la silla que había abandonado hacía sólo un momento. Una vez sentado, y tras un gran sorbo del néctar de Kentucky, cerró los ojos, y dejó pasar el tiempo, como si el tiempo no pasase por aquel lugar. Parker seguía volando en el aire, y tras los cristales ajenos, la ciudad se reducía a las calles de siempre, desde las ventanas de siempre. Aquellas cuatro paredes eran el refugio perfecto, entre ellas habían nacido, y muerto, miles de historias, unas mejores que otras, allí habían convivido el amor y el desamor, la alegría y la pena, el pobre y el rico, el cielo y la tierra, y todos habían brotado, y crecido, dentro de ese cubo habitable con vistas a la inmensidad. Abrió los ojos cuando sonó la última nota de la última canción del disco, se levantó, y se dirigió hacia el tocadiscos, retiró la aguja de los surcos mudos del vinilo, y volvió a cubrir el giradiscos con cuidado. Se giró hacia el cento de la estancia, dio tres pasos para colocarse justamente ahí, en el centro, y de uno de los bolsillos del pantalón, sacó un puñado de aire, que dejó caer sobre sus pies. Cerró los ojos, y escuchó, notó el olor del Sáhara visitándole, y su silencio, sin miedo, acunando cualquier rastro del antiguo dolor.
El cuarto quedó vacío, los cajones cerrados, y unos granos de arena en el suelo, justamente en el centro de la habitación, recordaron, bailando al viento, la melodía de la última canción.
"Desiderátum"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.
Publicado por Cambalache
Gatomalabares
miércoles 2 de septiembre de 2009
Oyente del viento
Comencé a entender
los secretos de la brisa,
en ella descubrí la clave
para convertirme
en oyente del viento,
y con el viento,
me desprendí de todo
lo que tuvo alguna vez
el rastro preciso de su olor.
Su transparente discurso,
arrancó el sabor
que surgía de los recuerdos,
en mi boca diaria,
y pude enmudecer
las letras que la revivían,
sin la fidelidad del tacto
de su existencia,
dejó de ser todos
los motivos para la lucha,
comenzó a tener
el peso concreto
que lastra la vida,
con piedras del norte,
y se acomodó
en los dos metros cuadrados
de las urgencias ajenas,
sin terraza, y orientada
hacia la prudencia donde
todos los besos saben igual.
Ahora no se derrama
en la vereda de las sombras,
desde un lugar lejano,
renunció a ser
el fruto nuevo del agua,
y de las caricias del sol,
ya no está a la puerta
de cada una de mis dudas,
ni entre los recovecos
de las noches sin luna,
ni en los reproches
que murieron en la tierra
donde vuelve a nacer la voz.
"Oyente del viento"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo
los secretos de la brisa,
en ella descubrí la clave
para convertirme
en oyente del viento,
y con el viento,
me desprendí de todo
lo que tuvo alguna vez
el rastro preciso de su olor.
Su transparente discurso,
arrancó el sabor
que surgía de los recuerdos,
en mi boca diaria,
y pude enmudecer
las letras que la revivían,
sin la fidelidad del tacto
de su existencia,
dejó de ser todos
los motivos para la lucha,
comenzó a tener
el peso concreto
que lastra la vida,
con piedras del norte,
y se acomodó
en los dos metros cuadrados
de las urgencias ajenas,
sin terraza, y orientada
hacia la prudencia donde
todos los besos saben igual.
Ahora no se derrama
en la vereda de las sombras,
desde un lugar lejano,
renunció a ser
el fruto nuevo del agua,
y de las caricias del sol,
ya no está a la puerta
de cada una de mis dudas,
ni entre los recovecos
de las noches sin luna,
ni en los reproches
que murieron en la tierra
donde vuelve a nacer la voz.
"Oyente del viento"
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo
Publicado por Cambalache
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