martes, 26 de abril de 2011

Tiempos del tiempo

Me quedaré donde se calla el silencio
que precede a las palabras,
y en su calma,
que se quiebra como lo hace
la copa vieja que bebe
de las noches de cristal,
y buscaré aunque se esconda la vida,
aunque se muera de muerta, la vida.

Así aprenderé a dejar para más tarde
las tardes que se mojan con los otoños,
y las mañanas serán conceptos
abstractos en las manos del mañana,
como el atrevimiento que habita
en los cajones de las cartas,
las que cuidan de las letras
en un papel que tuvo, alguna vez,
la vocación de ser algo más que papel.

Una caricia, con sabor a despedida,
será una flor hecha a la medida
de una tumbas inacabada,
minuciosamente olvidada,
a ras de suelo,
desde la cabeza a los pies,
y desde los pies a la cabeza.

Presiento el frío, él me visitará
desde el otro lado de las ventanas,
y sentiré la desolación
en las calles de las guerras,
en ellas están todos los restos
de los que no tuvieron
una oportunidad, necesaria oportunidad,
y los fragmentos de algún sueño
brotarán en los ojos cerrados
y en los labios abiertos,
sueños caídos desde el abismo de los sueños,
sueños dormidos a fuerza de ser sueño.

Y yo, sin las pretensiones
engañosas de querer volver a ser,
retornaré al sabor que tiene la sal
de un mar breve, en un mar desconocido,
y se borrarán los primeros besos
como si nunca hubiesen existido,
como si nunca hubiesen sido,
como si jamás hubiesen nacido
en la boca que no se alimenta de pan.


"Tiempos del tiempo"
© Ediciones Cambalache. chus alonso díaz-toledo.

4 comentarios:

Miguel Bueno dijo...

Y cuando se borren
los primero besos
¿Cómo será el sabor de tus labios?
¿Para qué soñar, tus sueños?

Carlos dijo...

La sabiduría del tiempo en tus letras, y la cuentas de esa manera tan tuya.

Un abrazo

Lucía dijo...

Más letras, no me gusta el silencio en tu página.

Belle dijo...

Hubo una vez una tumba con un ángel sin cabeza que te pensaba. Hoy, te piensan los espejos y te leen; y te vuelven a pensar. ¿Qué tienen en común los espejos y los ángeles descabezados? no saben qué decir cuando pasan por aquí y, aún así, hablan.