martes, 26 de junio de 2012

Suposición


Podría ser una furia
capaz de romper
la historia de la luz,
o también un grito
de tono nocturno,
venido del otro lado de la calle.

Podría ser la penumbra
que posa sus sombras
más allá de la puerta,
o un sueño parido antes
de comenzarse a soñar.

Sin ruido, se desliza
como serpiente de agua
con ojos de fuego,
acomodando sus formas
a la insolente paciencia
de quien sabe el secreto
de la eternidad y su dolor.

En su sangre de hielo
discurre la muerte que vive la vida,
y me atrapa en sus abismos,
como el vacío atrapa
la decisión del suicida,
y se vierte dentro de mis venas,
y me deja un poema mudo
junto a un ocaso incierto,
y el paisaje es un ser muerto
dentro de las noches de sal.


"Suposición"
© Ediciones Cambalache. chus alonso díaz-toledo.

lunes, 11 de junio de 2012

Los haikus de Mara

Afuera llueve
Me quedé con el calor
De tus palabras

Viniste de lejos
No se cuando te irás
Pero con  algo de ti me quedo

No  sé nada de ti
Me  intrigas
Quiero conocerte

Llegaste inesperadamente
Con vino, arte, música y fragancias
Fui tu morada y fuiste mi huésped

Tu paz me abraza
Y me estremece

"Los haikus"
© Mara González.


Mara González es una gran amiga mía, ella cuenta la vida como la vive, sin tiempos en blanco ni lugares perdidos. Ella, y don Mario Benedetti, me enseñaron a amar Montevideo, y lo hicieron sin casi saberlo, solamente con sus palabras de sentido fotográfico.
Os dejo una muestra de sus letras, son excepcionales, como la calidad humana de mi querida amiga uruguaya.

Muchas gracias por tu regalo, Mara.
-chus-


miércoles, 25 de abril de 2012

Deserciones

Siento cómo el frío se extiende
por cada centímetro de la piel,
mi sangre se contrae, gélida,
entre grandes espacios de aire
que se reiteran, con alevosía,
por los prólogos de cada recuerdo.

La locura sería un remedio capaz
para este tiempo de verbo mudo,
o para el vacío que me guía hasta
los primeros pasos del amanecer,
locura, coautora de mi propia locura,
cómplice en la búsqueda incesante,
compañera de cabello desaliñado
a causa de un pensamiento libre,
te pretendo como se pretenden
los besos perdidos en los labios del ayer.

La humedad de este río geométrico
me cala hasta el alma de los huesos,
no quedan veredas para los paseos,
los álamos se secaron bajo la lluvia
de mil nubes cargadas de exilios,
y en la penumbra se decapitan los arbustos
que tuercen las guías de sus vidas,
para encontrar la necesaria luz del sol,
y en medio de tanta desolación
me vuelvo un entorno para las lejanías,
y escribo versos en las esquinas
para las putas que cantan canciones de amor...


... y acaricié el cabello de aquella mujer de nombre desconocido, la palidez de su rostro era tan cautivadora como lo es la luna plena. No supe cómo había llegado hasta ese cuarto, y aunque mi memoria se perdía en algún momento anterior a la medianoche, no conseguía dejar de escuchar su sonido en mi cabeza. Tenía la sensación de estar lejos, muy lejos de cualquier lugar conocido por mí o por mis recuerdos.
El olor del sueño de esa mujer que dormía a mi lado no me era desconocido, era un aroma repleto de sensaciones pasadas y generoso en la oferta pero, hermético en las descripciones. La luz comenzaba a abrirse paso entre las gastadas fibras de unas cortinas cansadas de tamizar amaneceres, las paredes de la estancia parecían también cansadas, sus desconchones hacían públicos los diferentes colores que la habían decorado a lo largo de su historia. Una mesilla de madera junto a la cama y dos sillas, de estilo indefinido, eran todo el mobiliario que aquel lugar ofrecía a sus ocupantes. Lo cierto es que aquello, los muebles y las paredes, las cortinas, las sillas o la mesilla, eran elementos prescindibles en ese momento. Mi atención por la realidad de aquella habitación se debía más a la intención de ubicarme, en algún momento del espacio, que a un espontáneo gusto por el interiorismo ajeno. Una vez que me supe perdido del todo, y realmente; sin muchas ganas de encontrarme de nuevo, me acerqué a la calidez de aquel cuerpo desnudo llegado desde la noche. Me abrigué con su calor, ayudé a que los segundos se amontonasen dentro de los minutos que no escuchan el "tic-tac" del tiempo que marcan los relojes, y dejé que el aliento cercano de su sueño alentase mis sueños. El silencio se puso al servicio de sus latidos y acomodé mi cuerpo a las formas de su descanso. Aquel universo era mi realidad en aquel instante, y así lo comprendí. Era indiscutible que fuera, al otro lado de la puerta y más allá de las paredes, había otro universo cargado de exigencias y de prioridades, pero la calma buscada estaba en los poros de la piel que tocaba mi piel en ese instante, y no en los universos paralelos de cuerdas asfixiantes. Mis ojos comenzaron a cerrarse, pero antes de que la pretendida lucidez me abandonase por completo, sentí como aquella mujer repetía el ejercicio llevado por mi momentos antes, mimetizándose en mis formas hasta formar una sola figura de origen binario...

... y cuando desperté, encontré
las reclamaciones de los creyentes,
y las decepciones de las ciencia,
también pude ver la inmensidad
de los océanos cósmicos,
eran extensiones inabarcables
por el poder de la imaginación,
y a mi lado seguía ella, callada,
con la misma palidez silenciosa,
y supe que no debía saber su nombre,
supe que no debía despertar su atención,
y callé a su lado, porque su voz
me traería el frío invencible,
mientras el universo se comprimía
dentro del mundo de esa habitación.   


“deserciones”
© El País de los Tejados. chus alonso díaz-toledo.

martes, 3 de abril de 2012

Kilómetro cero

Sé que añoraré esos minutos
cotidianos que solamente
se sienten cuando ya no están,
padeceré la torpeza de la seguridad,
y seguirán sucediendo los lugares
donde pasé mis días,
y echaré de menos los botones
desabrochados de tu ropa disidente,
y pensaré en el color de tu desnudez
junto al otoño que desviste a los árboles.

Llevaré la memoria como
si fuese un recuerdo de papel,
cuidadosamente doblada
dentro de los bolsillos del alma,
y sé que pasarán por encima las fechas
con su férrea disciplina del olvido,
y  tal vez llegue a olvidar un día
que mi día está a la espalda de otras noches,
y me nacerán las vigilias desconocidas
en la pesadez de los párpados,
y habitaré en la parte cercana
de todas las demás lejanías,
como palabra escrita con tinta muda,
y volveré a ser silencio, casi eterno,
en las estrellas que brillan
escondiendo la verdad original de su nombre.

"Kilómetro cero"
© Ediciones Cambalache. Pokit in a pocket chus alonso díaz-toledo.

lunes, 26 de marzo de 2012

Hijos de la soledad

La extrema quietud de la luz
hace que parezca que tiene peso,
tanto que el silencio se deshoja
con la carga presente de otoños,
ya no quedan colores chillones,
ni carpas de feria con olor a chocolate,
ahora la soledad inventa, imagina,
tiene que recrearse para no morir así,
olvidada dentro de un sueño
que se duerme siendo solamente un sueño.

Y la soledad levanta el vuelo,
y la sombra de sus pies
se alza sobre la racionalidad del suelo,
y brota el comienzo de los universos
que no nacieron para suceder,
espacios hechos a la medida
exacta de cada urgencia ignorada,
lugares sin las grietas abiertas
de las decisiones tridimensionales,
y las exigencias parecen ser
un poco menos exigentes,
y las prisas nunca llegan a ser tarde,
pero la soledad no puede olvidarse,
no consigue escapar a la severidad
numérica que da cuerpo a la realidad,
y deja que la sal del mar haga
una costra con la forma de sus formas,
y calla como si fuese un retazo de la nada,
y en la nada deja que sigan transcurriendo
las fechas condenadas de los hijos de la soledad.


"Hijos de la soledad"
© Ediciones Cambalache. Pokit in a pocket chus alonso díaz-toledo.

jueves, 16 de febrero de 2012

Variabilidad y concurrencias


Te descubro como se descubre
que la distancia tiene el sabor del vértigo,
sin la lógica premeditada de la ciencia,
sin la severidad segmentada de los mapas,
porque te encuentro como enero
encuentra en el año a febrero,
por esa inercia espacial que tiene el tiempo,
y por la casualidad inquebrantable
de las olas que ponen a nuestros pies,
una y otra vez, cosquillas rizadas de mar.

Podrías ser la sed que dejó el silencio,
cuando el silencio se dijo en otras bocas,
sed naúfraga, a la deriva en el vaso
que se llena con las ausencias,
sed marrón, hecha con cuero viejo,
sed desahuciada por la lluvia y por abril,
espiral de caracolas mudas que se agrietan
a golpe de sol y poliédricos brillos de sal.

Y me condenas a la inmensidad del primer
desierto muerto sobre la arena,
mientras la vida me sigue y me espera
dando vueltas al otro lado de un cristal,
y yo te intento aunque estés escrita
con el surrealismo de la caligrafía ajena,
y el verbo que nos niega la vida
para justificar su propia muerte,
y como si quisiera ser viento inmóvil,
ante la horizontalidad del pensamiento
y la verticalidad de las sentencias,
te dejo para darle un sentido al mañana
que será, un poco más tarde, otra parte del ayer.


"Variabilidad y concurrencias"
© Ediciones Cambalache. chus alonso díaz-toledo

domingo, 29 de enero de 2012

Lugar


Por ejemplo, en la luz ámbar
del cuarto que atardece
con los mismos pasos del día,
o en el primer árbol que regala
su sombra a las piedras de la vereda,
y también en las manos,
esas que se amasan en las horas
tempranas del pan diario,
y en el temblor luminoso,
de calor y de fuego,
que baila contra la severidad
que tienen las calles de enero,
y en las citas que esperan
en la última de las esquinas,
y en la eternidad del sur,
cuando Cádiz se viste
con el alma insomne de carnaval.

Son tantos los lugares
en un mismo lugar,
tantos los tiempos dentro
del mismo tiempo del tiempo,
como las distancias que la razón
levanta en los sentidos milimétricos,
y mientras toda la metafísica
se vuelve endecasílaba,
sin grandes alborotos y sin brillos,
un abrazo perdido reniega
de las líneas rectas,
mientras una gota de luna
flota sobre el baile nocturno
que tiene el agua,
en la noche ondulada de cualquier mar.


"Lugar"
© Ediciones Cambalache. chus alonso díaz-toledo.

jueves, 12 de enero de 2012

Cristales de ciudad


Me preguntas por la tristeza
de la ciudad en las ventanas,
y pienso en las lágrimas lejanas
a las que no se escucha llorar.

¿Acaso conocen los cristales
la verdad de la pena que los moja?

Ellos cuentan las gotas,
son el lecho que las siente
resbalar por los caminos
mínimos de un mar imposible,
y brillan sobre la urgencia
de las calles donde se pierden
los paraguas de los nombres anónimos.

Así, en cualquier sitio
de cualquier lugar,
el día es una película que calla
cuando las nubes tienen la palabra,
y los vidrios cuadriculados
toman el espíritu de las hojas,
y en las tormentas del libro de otoño
crecen charcos como reflejos de cielo,
son cielos desnudos de cielo,
cielos vestidos con humo de agua
y recuerdos de vientos rizados.

Cristales de orgullo herido
por la indiferencia de las piedras,
multiplicaciones de verdades visuales,
llegadas desde la obligación
que se encierra en la mentira,
luminosamente metropolitanos,
herméticamente cerrados,
como si fuesen templos de la vida
mortalmente herida en horario laboral,
y el silencio se amordaza
con el fruto de la arena fundida,
y los sonidos son espejismos
de otro mundo, al otro lado del ventanal.

"Cristales de ciudad"
© Ediciones Cambalache. chus alonso díaz-toledo.

domingo, 11 de diciembre de 2011

... de tejas y hojalata


Dejo que la madrugada
espere a quedarse sin cielo,
así la luz se forma
como si fuese una parte
de los verbos de tu cuerpo,
no hay prisa para volver
a la cadencia impaciente del día,
no hay motivo para borrarnos
de las palabras que preceden
a un tacto desnudo de pudores,
y como los versos binarios
de dos universos opuestos,
dejaremos que el espacio
se vuelva tiempo despacio,
tiempo sin fechas o nombre,
y que nos renombre
la sinceridad primera de la piel,
para que lo sepa el silencio,
mientras el alba se moja
con las gotas clandestinas del rocío,
y el frío es parte de un dilema,
en las fronteras donde
se vierten los colores del amanecer.


"...de tejas y hojalata"
© Ediciones Cambalache. chus alonso díaz-toledo.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Proximidad y lejanías


A pocos pasos de ti,
sin distancias cegadoras,
solamente con el color
en el que se adormece
una tarde pintada dentro
de los horizontes del sur.

A pocos pasos de ti,
sin prefijos telefónicos
ni equipajes de estación,
sólo con las hojas
que nos relata el otoño,
palabras de acento húmedo
y semántica paciente,
palabras que se tejen
sobre los cactus de la luna,
a pocos pasos de ti,
como la ropa que vestirás
en el día que se aproxima,
o como las cartas deletreadas
por la boca del remitente.

A pocos pasos de ti,
como el camino
que se cruza en tu camino,
o como las calles paralelas
a los portales de tu calle,
tanto espacio despacio,
tanto tiempo ilimitado,
a pocos pasos de ti
pasa la vida dentro de otras vidas,
y se muere la muerte
que vive en las muertes ajenas.

Y así, a pocos pasos de ti,
se pierde la piel que tuvo
los sonidos del desierto,
y los tejados se vuelven
lugares secretos para los gatos
que maúllan a pocos pasos de ti.


“Proximidad y lejanías”
©Ediciones Cambalache. chus alonso díaz-toledo.